Evita la crítica canónica al industrialismo desde la perspectiva del decrecimiento o la filosofía, proponiendo en cambio una reflexión desde el mundo rural vivo y la ecología feminista. Al igual que Illich critica las herramientas industriales que anulan la autonomía, Sánchez examina las 'herramientas' culturales y políticas que doman la vida y el territorio, buscando una reconexión convivencial con la tierra y el cuerpo desde una óptica no obvia en el debate.























