Aunque una obra de ficción distópica, 'Un mundo feliz' es una crítica mordaz a la institucionalización de la sociedad y a la homogenización del individuo, similar a la crítica de Illich hacia la escuela. Ambos exploran cómo las estructuras de poder (en este caso, un sistema de bienestar totalitario) pueden controlar y definir la 'humanidad' y sus necesidades, más allá de la educación formal.



















